Historia Visual del Parque Marino Fco. Coloane, un rescate de su identidad
El Parque Marino Francisco Coloane se encuentra ubicado en el Estrecho de
Magallanes. Este parque natural, nombrado en honor al célebre escritor chileno, ostenta
un título de gran relevancia: fue la primera Área Marina Protegida de Chile, creada en el
año 2003.
El parque abarca una superficie de más de 67.000 hectáreas e incluye áreas de gran
valor ecológico y paisajístico, como el Canal Jerónimo, el Seno Ballena y las costas de
la Isla Santa Inés. Su creación tuvo como objetivo principal la preservación del único
sitio de alimentación conocido en aguas chilenas, fuera del territorio antártico, para la
Ballena Jorobada (Megaptera novaeangliae).
Cada verano austral (generalmente entre diciembre y abril), las ballenas jorobadas
migran desde el ecuador a esta zona de alta productividad biológica para alimentarse,
ofreciendo un espectáculo natural grandioso.
Han transcurrido ya veinte años desde el descubrimiento y creación del Parque por
parte del gobierno chileno e instituciones privadas, sin embargo, poco a poco nos
percatamos que no habíamos puesto la debida atención a los aspectos humanos que
involucraba su historia en medio estrecho de Magallanes.
Humanamente, del Estrecho de Magallanes nos queda la antigua denominación Ateli de
los selknam del norte, o en el Parque el cercano Xaultewa de los Kaweskar, pero la
presencia humana histórica en el Estrecho y el Parque era poco destacada. El homenaje
al escritor Francisco Coloane fue un buen comienzo, o los estudios arqueológicos
posteriores en el marco de un levantamiento de recursos culturales realizado por el
PNUD . Pero aquí nos preocupamos de otros aspectos del quehacer humano en torno al
Parque Marino, su historia visual a lo largo de los siglos: su representacion y presencia
en archivos de varios lugares del mundo occidental.
En este contexto es donde aparece y nos sorprende toda la belleza de este Parque tan
difícil de percibir para el común de la gente por su lejanía e inaccesibilidad. Aquí
vemos retratados los pasos, las bahías y las actividades humanas especialmente en una
época en que la fotografía no existía (o llego tardíamente) y la única forma de medio
conocer un lugar lejano era su descolorida descripción. Nuestro propósito es dar a
conocer ciertos lugares del parque ilustrados por los viajeros que pasaban por el
Estrecho desde el siglo XVI en adelante. Lo que verán en adelante es una muestra de
las a veces ingenuas y otras muy logradas visiones de este Parque. Es una invitación
también a continuar estas viejas tradiciones pictóricas que todavía nos atrapan por su
belleza.
Técnica: acuarela
Dimensiones originales: 1830 x 790 mm
Materialidad: pergamino
Lugar: estrecho de Magallanes
Autor: John Narborough, comandante
Fecha: 1670
Expedición: John Narborough, 1669-70, corsario inglés
Créditos: British Library, Londres
El ingeniero Duplessis acompañó la expedición del capitán Jacques Gouin de Beauchesne al mar del Sur (1698-1701). Luchando contra vientos y mareas, los buques de la escuadra francesa permanecieron durante siete meses en el Estrecho de Magallanes, desde junio 1699 a enero 1700. Numerosos diarios dieron cuenta de su geografía intricada y de sus habitantes, con quienes sostuvieron encuentros que documentaron a cabalidad con textos y acuarelas que, hoy, constituyen invaluables testimonios acerca de los grupos canoeros del Parque Marino Francisco Coloane antes de que el hombre blanco se asentara de forma permanente.
La expedición de John Narborough al estrecho de Magallanes en 1670 fue una de las primeras misiones inglesas de reconocimiento sistemático en el extremo sur de América. Organizada por la Corona inglesa durante el reinado de Carlos II, tuvo como objetivo principal explorar el Estrecho, evaluar su valor estratégico y comercial, y reconocer la presencia y fortificaciones españolas, en un contexto de rivalidad imperial y expansión marítima.
Narborough zarpó al mando del HMS Sweepstakes, acompañado inicialmente por el Batchelour Pink. Tras una travesía por el Atlántico sur, la expedición ingresó al estrecho de Magallanes en 1670. Allí, Narborough llevó a cabo levantamientos cartográficos detallados, observaciones astronómicas y descripciones precisas de bahías, corrientes, mareas y fondeaderos. Sus registros mejoraron notablemente el conocimiento inglés de la región y corrigieron errores de mapas anteriores.
Durante su permanencia en el estrecho, la expedición tuvo contacto con pueblos indígenas fueguinos, a quienes Narborough describió con curiosidad etnográfica, destacando su modo de vida, embarcaciones y relaciones con el entorno. Estos encuentros fueron generalmente pacíficos, aunque marcados por la desconfianza mutua y las dificultades de comunicación.
La expedición no tuvo consecuencias inmediatas en términos de colonización inglesa, pero fue de gran importancia estratégica. Demostró el interés inglés por el control de rutas interoceánicas y proporcionó información valiosa sobre la debilidad del control español en la región austral. El relato publicado posteriormente por Narborough se convirtió en una fuente fundamental para la historia marítima y geográfica del estrecho de Magallanes en el siglo XVII.
Narborough fue quien atribuyó algunos de los topónimos actuales del Parque Marino Francisco Coloane: Seno Ballena, Punta Ballena, Río Batchelor o Rada York.
El mapa que el corsario inglés entregó al soberano inglés puede considerarse como uno de los más relevantes y valiosos de su época. Las descripciones y dibujos que lo acompañan nos proporcionan un testimonio de primera mano sobre la geografía y los habitantes canoeros del Estrecho en una época bien temprana. Su estudio es una fuente inagotable de detalles y permite restituir una identidad visual integral al vez que estética del Parque Marino Francisco Coloane.
“Los indígenas de esta tierra según me parecieron:
Algunos tienen ropa suelta de pieles de animales, otros desnudos. Sus armas son arcos y flechas. Tienen una estatura mediana, no más que un inglés típico; tienen un color leonado como los indígenas de Nueva Inglaterra y se pintan completamente con grasa y tierra roja: no obedecen a ningún jefe y parece que cada uno hace lo que quiere hasta donde pude apreciarlo. Como adornos esta gente tiene pequeñas conchas brillantes que las mujeres llevan como gargantillas, también algunas pulseras y conchas de moluscos. Vi varios hombres, mujeres y niños, pero no pude percibir nada de valor entre ellos. Fueron muy amables con nosotros durante el tiempo que estuve con ellos, unos tres días; aprecian mucho tener cuchillos, hachas, clavos, anzuelos y otras cosas de ese tipo, pero nada tienen en cambio excepto arcos, flechas y su ropa suelta. Indicaron que hay oro en las montañas detrás de Puerto Famine [del Hambre]; pero nunca pude encontrarlo: La gente tiene un idioma áspero y lo pronuncian con la garganta ellos a menudo repiten «orst» aunque no pude entender ni ésta ni cualquier otra palabra que dijeron; entre ellos mismos pueden comunicarse fácilmente y hablan mucho. Viven como animales, vagando de sitio en sitio para conseguir alimentos; no tienen habitaciones permanentes, no plantan nada ni tienen más animales domésticos que perros, de los que hay muchos de una raza mestiza. Sería fácil enseñar a los indígenas con buen trato. Hay mucha gente por los dos lados de los Estrechos; he visto muchos fuegos y humos al lado sur de la entrada que nombré Ulster del Sur. Los indígenas cruzan los Estrechos en sus canoas, las que son hechas con cortezas de árboles y pueden llevar diez o doce personas cada una; siguen mucho al lado sur en el verano. La tierra tiene suelo bueno en la parte oriental de los Estrechos, por ambos lados, desde el Cabo Virgen María hasta Puerto Famine [del Hambre]. No hay bosque en uno u otro lado hasta que uno llega a Bahía Sweepstakes, allí empiezan los bosques que crecen muy densos en Port Famine [del Hambre]; la corteza de algunos árboles es picante como pimienta o canela.” (Trad. M. Martinic y D. Moore)
Técnica: acuarela
Dimensiones originales: 239 x 239 mm
Materialidad: papel
Lugar: río Batchelor
Autor: Jacques Duplessis, ingeniero
Fecha: 1699
Expedición: De Beauchesne, 1698-1701, Chile-Perú, Marina francesa, contrabando
Créditos: Servicio Histórico de la Defensa, Vincennes, Francia.
Esta acuarela muestra un encuentro entre los franceses y los canoeros en el río Batchelor.
“Dibujo de los salvajes del estrecho de Magallanes. Explicación. A. son franceses quienes, saliendo de caza, encuentran una familia de salvajes establecidos en tierra con una choza o casa en una pequeña caleta de arena junto al mar. B. son los hombres que salen a su encuentro y les ofrecen caza. C. son las flechas y el arco que utilizan para matarla. D. es uno de sus perros, que utilizan para cazar la caza cuando sólo está herida. E. es su choza o casa. F. son los pequeños palos o varas que la componen, que se clavan en el suelo en la parte superior y se doblan los unos sobre los otros en la parte superior y se atan con juncos. G. es un pequeño fuego que mantienen día y noche en el centro. H. son grandes mejillones que cuecen allí, cuyas conchas son extraordinariamente hermosas y como son muy duras, las usan para pulir sus arcos y flechas raspándolas. I. son pieles que ponen en el lado de donde viene el viento cuando no tienen bastante para poner alrededor. L. son las mujeres o niñas que apenas salen de sus chozas y canoas, salvo para bucear en busca de mejillones y otros mariscos. M. es uno de sus hijos más pequeños, al que siempre mantienen envuelto en pieles y llevan a la espalda en una especie de capuchón de piel de nutria o de pingüino. N. es un niño que acaba de traer unas ramas de leña seca para encender el fuego. O. son collares de pequeñas conchas de caracol marino del tamaño de habas, con un nácar muy brillante que ajustan con tripa de pescado para dar varias vueltas que les cuelgan hasta el estómago. Cubren sus cuerpos con pieles de nutrias, bueyes, ciervos y vicuñas, pero siempre parecen muy desganados y friolentos, y siempre tienen la cabeza en los hombros. Los de la entrada del Estrecho hasta las islas de Santa Elizabeth, San Jorge y San Bartolomeo se cubren con pieles de pingüino, sobre todo las mujeres y las niñas, que cosen con tripas de pescado o de ave que utilizan como cuerda e hilo. Q. son árboles de tamaño medio con hojas pequeñas y elípticas que están verdes todo el año. R. son árboles pequeños que encontramos en la isla que forma Puerto Galland [canelo], que tienen hojas gruesas, de color verde claro y brillantes, de 5 a 6 pulgadas de largo, de la misma forma que los anteriores, cuya corteza es blanda, gruesa y tiene la fuerza y el sabor de la pimienta. También las utilizamos, pero nos son desconocidas.”
Técnica: acuarela
Dimensiones originales: 257 x 257 mm
Materialidad: papel
Lugar: canal David, isla Carlos III
Autor: Jacques Duplessis, ingeniero
Fecha: 1699
Expedición: De Beauchesne, 1698-1701, Chile-Perú, Marina francesa, contrabando
Créditos: Servicio Histórico de la Defensa, Vincennes, Francia
Mujeres canoeras buceando en el canal David, al suroeste de la isla Carlos III.
“Dibujos de los salvajes del estrecho de Magallanes, cuyas mujeres e hijas bucean hasta el fondo de las orillas del mar en todas las estaciones para conseguir grandes mejillones y otros mariscos que les sirven en parte de sustento, lo que repiten todos los días. A. Son franceses que hacen bucear a las mujeres de los salvajes a cambio de cuchillos, tijeras y otras menudencias para conseguir grandes mejillones B. que se encuentran en 4 y 5 brazas en el agua y tienen hasta 9 y 70 pulgadas de largo y de tamaño proporcionado. C. Es un salvaje que ofrece su flecha y su arco a un francés que le hace señas para que los utilice delante de él sobre unos pájaros que pasan. D. Es una mujer que ha sacado del fondo una gran piedra E. a la que están atados varios manojos de mejillones que no ha podido quitar con las manos; llevaba esta piedra bajo el brazo mientras nadaba con el otro. F. Es otra mujer quien, antes de zambullirse, mira el fondo del agua, tapándose los ojos con una mano y nadando con la otra a causa del sol o del día luminoso, para ver dónde hay más de estos mejillones e ir a buscarlos. G. es una de estas mujeres quienes bucean con las piernas cruzadas una sobre otra con tal destreza que, aunque están completamente desnudas, no es posible ver nada de lo que el pudor nos obliga a ocultar. H. Es otra de estas mujeres que se zambulle, pero no con las mismas precauciones que la anterior, porque está fuera de la vista de los extraños y no se ocultan nada unas a otras. I. Es otra mujer en una de sus canoas, que lleva a un niño en el regazo y gobierna con un remo, no sea que su barco [sic], que no está amarrado, se vaya a la deriva con la marea. L. Es un francés que llama a esta misma mujer para hacerla bucear como las demás a cambio de un pequeño collar de cornalina que le muestra en la mano. M. Es un perro salvaje que nos regalaron. N. Son las grandes rocas de que están bordeadas casi todas las orillas del mar, y tras ellas cuelgan los mejillones más grandes. O. Es un salvaje, grande, alto y robusto. P. Otro es esbelto, pequeño y de cuerpo delgado, como se puede encontrar entre ellos como entre nosotros, aunque la exageración de varios autores antiguos que los han descrito como pequeños gigantes y crueles, sin embargo, no son ni lo uno ni lo otro. Los hay de todos los tamaños corrientes y son humanos amables y fuertes. Estaban tan bien acostumbrados a nosotros que nos seguían casi a todos los puertos para traernos caza y mejillones que sabían que nos darían gusto, por lo que ninguno de nosotros les hizo ningún daño.”
Técnica: acuarela
Dimensiones originales: sin información (manuscrito original, 340 x 215 mm)
Materialidad: papel
Lugar: área del Parque Marino Francisco Coloane
Autor: Jacques Duplessis, ingeniero
Fecha: 1699
Expedición: De Beauchesne, 1698-1701, Chile-Perú, Marina francesa, contrabando
Créditos: Servicio Histórico de la Defensa, Vincennes, Francia
An Account of the trite Cortex Winteranus and the Tree that bears it (Hans Sloan, M. D., Proceedings of the Royal Society)
“La famosa medicina que administró a muchos de los tripulantes del barco, que estaban muy enfermos por haber comido una especie de foca venenosa de aquellas partes, llamada «león marino», con la que experimentaron una gran mejoría, a pesar de que habían estado tan enfermos por alimentarse de esta criatura que habían perdido la mayor parte de su piel, que se les desprendía del cuerpo poco a poco y en grandes trozos; de modo que el antídoto contra este extraño veneno se encontraba muy cerca y fue muy elogiado por este caballero, que se vio obligado a saber qué hacer en este extraño caso, aunque comprendía muy bien la Materia Médica”.
Esto es lo que señala Hans Sloane respecto del árbol Canelo colectado en medio del estrecho de Magallanes y sus efectos medicinales en 1759 y entrega uno de los primeros dibujos de sus hojas. Pero en 1605 ya había sido representada su corteza por Clusius en su libro Exotics.
Serian de los primeros dibujos dedicados específicamente a un árbol en particular. La importancia de los dibujos y dibujantes para la Marina y sus exploradores sería progresiva. En el siglo XVIII y XIX el dibujo ya era parte de la formación de los marinos ingleses en su entrenamiento, con ello se esperaba poder documentar costas, mapas, fauna y flora. No había una forma precisa de registrar lo observado por lo que el dibujo suplía la realidad para aquellos que no visitaban los lugares explorados o lo harían después. El dibujo cumplía un rol científico, cartográfico y artístico a la vez. Pero a mediados del siglo XIX surge la fotografía en blanco y negro que provoco una revolución documental, lo que antes requería de horas de observación y técnica en dibujo podía capturarse en segundos. Por otro lado, la mecánica fotográfica remplazaba la subjetividad del dibujante por una visión más objetiva. La cámara remplazó el cuaderno de dibujo La fotografía en blanco y negro no suplía aun del todo la realidad, no había color. La fotografía a color se consolido después del primer cuarto del siglo XX. Así, el dibujo abandono la ciencia. La humanidad conservaría y transmitiría sus legados científicos vía fotografía, hoy en día digital, con la cual se abandonó todo riesgo de pérdida de la presencialidad de la realidad. Antes la realidad era revelada a posteriori a diferencia del dibujo que plasmaba la inmediatez.
Sólo en este marco histórico de la imagen puede comprenderse el valor de lo que vemos aquí en esta selección de la fauna captada por Duplessis a fines del siglo XVII. La presencia inconfundible del martín pescador, bandurria, albatros, peces, mamíferos, etc., nos muestra las primeras “guías” para el viajero del estrecho de Magallanes.
Técnica: acuarela
Dimensiones originales: 530 x 360 mm
Materialidad: papel
Lugar: estrecho de Magallanes
Autor: Johan de la Guilbaudiere
Fecha: 1697
Expedición: filibusteros, 1687-1694, piratería en los mares del Sur
Créditos: Biblioteca Nacional de Francia, París
“Mapa del estrecho de Magallanes elaborado por el filibustero francés Johan de la Guilbaudiere. En 1694, naufragó en las cercanías de la isla Carlos III, junto a 22 compañeros de piratería y prisioneros españoles, salvándose después de permanecer durante 1 año en un campamento y construir una nueva embarcación. Su permanencia le permitió sostener contactos directos y permanentes con los indígenas canoeros, hablando su lengua y recorriendo con ellos, gran parte del estrecho de Magallanes a bordo de sus canoas de corteza. Como resultado de su aprendizaje, elaboró un mapa donde recoge topónimos en lengua kawésqar(?), dando a conocer la geografía magallánica de acuerdo con la visión canoera.
En el mapa mismo.
“Naciones de salvajes llamados
Lacquediches = ocupan toda la tierra desde la embocadura hasta el cabo Fromose [Froward].
Hocquediches = están extendidos desde el estrecho de Albaite hasta la embocadura oeste del estrecho de Magallanes.”
Arriba, derecha en el mapa:
“Nación de salvajes errantes a los cuales los demás hacen la guerra. Las principales armas de todos esos salvajes son arpones y hondas hechas de pieles de lobos marinos, también usan flechas”.
Técnica: dibujo al carboncillo
Dimensiones originales: 180 x 100 mm
Materialidad: papel
Lugar: Seno Ballena
Autor: Anónimo
Fecha: 1821
Expedición: fragatas Océan y Triton, expedición ballenera francesa al Atlántico sur y Tierra del Fuego
Créditos: Archivo Municipal de Nantes, Francia
A finales del S. XVIII y principios del S. XIX, la actividad cinegética en el Atlántico sur y Tierra del Fuego, coge una gran importancia para la industria ballenera y lobera. Los cotos de caza en el Atlántico norte se han agotado y, poco a poco, los armadores balleneros americanos y europeos despiertan su interés por la Patagonia austral, fundamentándose en los relatos de los grandes exploradores del estrecho de Magallanes de la segunda mitad del S.XVIII quienes señalaron la existencia de grandes cantidades de cetáceos y pinnípedos en los archipiélagos magallánicos.
En este croquis único, dos balleneros franceses, el Océano y el Tritón, del puerto de Le Havre, son dibujados en el Seno Ballena (Whalesound), cazando una ballena con sus piraguas balleneras, hacia 1821.
Aunque varios autores, tales como J. Narborough, quien dio su nombre al Seno Ballena, J. Duplessis, R. Fitz-Roy y P. Parker King o el famoso lobero escocés W. Low, dieron cuenta de grandes cantidades de ballenas en el sector, este tipo de representación es excepcional, siendo la única imagen conocida de caza de ballena en el Parque Marino Francisco Coloane, en una época temprana.
Este registro nos viene a hablar de la importancia secular de Seno Ballena para la conservación de la especie.
Técnica: litografía
Dimensiones originales: 238 x 92 mm
Materialidad: papel
Lugar: Bahía Fortescue
Autor: Ernest Goupil, dibujante
Fecha: 1837
Expedición: Dumont D’Urville, Marina francesa, viaje al Polo sur y Oceanía
Créditos: Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile, Santiago
Bautizada así por John Narborough en 1670 por el nombre de uno de los integrantes de su expedición. Se estima que aquí Hernando de Magallanes habría desembarcado en 1520 y la denomino bahía de las Sardinas por su abundancia. En su costa sur se ubica el Monte Cross en donde Bougainville dejó un memorial en 1766 que fue descubierto y remplazado por Córdoba en 1789, y descubierto y remplazado nuevamente por la expedición inglesa de Philip Parker King en 1827. Este memorial se encuentra actualmente en exhibición en el Pabellón Marítimo del Instituto de la Patagonia.
La expedición de Jules-Sébastien-César Dumont d’Urville al estrecho de Magallanes en 1837 formó parte de su tercer gran viaje científico alrededor del mundo (1837-1840), realizado al mando de las corbetas francesas Astrolabe y Zélée. Esta misión, patrocinada por el Estado francés, tuvo como objetivos principales el reconocimiento hidrográfico, la investigación científica y la afirmación del prestigio marítimo de Francia en regiones estratégicas del hemisferio sur.
Tras cruzar el Atlántico, la expedición ingresó al estrecho de Magallanes a fines de 1837. Dumont d’Urville realizó una navegación cuidadosa y metódica por sus canales, aprovechando la experiencia acumulada en viajes anteriores. Durante su paso, se efectuaron levantamientos cartográficos precisos, observaciones astronómicas para determinar posiciones geográficas y estudios detallados de mareas, corrientes y fondeaderos, contribuyendo a mejorar significativamente la seguridad de la navegación en la zona.
Un aspecto central del viaje fue la observación científica integral del territorio magallánico. Los naturalistas de la expedición recolectaron ejemplares de flora y fauna, describieron la geología y el clima, y registraron con detalle el paisaje austral. Asimismo, Dumont d’Urville mantuvo contactos con pueblos indígenas fueguinos, a quienes observó desde una perspectiva etnográfica, interesándose por sus costumbres, organización social y adaptación al entorno, aunque siempre desde el marco cultural europeo del siglo XIX.
La expedición también evaluó el valor estratégico del Estrecho, que seguía siendo una ruta clave entre el Atlántico y el Pacífico antes de la apertura del canal de Panamá. Tras completar sus trabajos, las naves continuaron hacia el Pacífico sur y la Antártica.
El paso de Dumont d’Urville por el estrecho de Magallanes en 1837 consolidó su reputación como uno de los grandes exploradores y científicos navales de su tiempo, y dejó un legado duradero en la cartografía, la historia natural y el conocimiento europeo de la región austral de América.
Técnica: litografía
Dimensiones originales: 238 x 92 mm
Materialidad: papel
Lugar: Bahía Fortescue
Autor: Ernest Goupil, dibujante
Fecha: 1837
Expedición: Dumont D’Urville, Marina francesa, viaje al Polo sur y Oceanía
Créditos: Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile, Santiago
Bautizada así por John Narborough en 1670 por el nombre de uno de los integrantes de su expedición. Se estima que aquí Hernando de Magallanes habría desembarcado en 1520 y la denomino bahía de las Sardinas por su abundancia. En su costa sur se ubica el Monte Cross en donde Bougainville dejó un memorial en 1766 que fue descubierto y remplazado por Córdoba en 1789, y descubierto y remplazado nuevamente por la expedición inglesa de Philip Parker King en 1827. Este memorial se encuentra actualmente en exhibición en el Pabellón Marítimo del Instituto de la Patagonia.
La expedición de Jules-Sébastien-César Dumont d’Urville al estrecho de Magallanes en 1837 formó parte de su tercer gran viaje científico alrededor del mundo (1837-1840), realizado al mando de las corbetas francesas Astrolabe y Zélée. Esta misión, patrocinada por el Estado francés, tuvo como objetivos principales el reconocimiento hidrográfico, la investigación científica y la afirmación del prestigio marítimo de Francia en regiones estratégicas del hemisferio sur.
Tras cruzar el Atlántico, la expedición ingresó al estrecho de Magallanes a fines de 1837. Dumont d’Urville realizó una navegación cuidadosa y metódica por sus canales, aprovechando la experiencia acumulada en viajes anteriores. Durante su paso, se efectuaron levantamientos cartográficos precisos, observaciones astronómicas para determinar posiciones geográficas y estudios detallados de mareas, corrientes y fondeaderos, contribuyendo a mejorar significativamente la seguridad de la navegación en la zona.
Un aspecto central del viaje fue la observación científica integral del territorio magallánico. Los naturalistas de la expedición recolectaron ejemplares de flora y fauna, describieron la geología y el clima, y registraron con detalle el paisaje austral. Asimismo, Dumont d’Urville mantuvo contactos con pueblos indígenas fueguinos, a quienes observó desde una perspectiva etnográfica, interesándose por sus costumbres, organización social y adaptación al entorno, aunque siempre desde el marco cultural europeo del siglo XIX.
La expedición también evaluó el valor estratégico del Estrecho, que seguía siendo una ruta clave entre el Atlántico y el Pacífico antes de la apertura del canal de Panamá. Tras completar sus trabajos, las naves continuaron hacia el Pacífico sur y la Antártica.
El paso de Dumont d’Urville por el estrecho de Magallanes en 1837 consolidó su reputación como uno de los grandes exploradores y científicos navales de su tiempo, y dejó un legado duradero en la cartografía, la historia natural y el conocimiento europeo de la región austral de América.